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viernes, 12 de febrero de 2010

El rudo del barrio

A la edad de 12 años, un niño travieso que sacaba canas verdes a sus padres, empezó a escuchar ska, el no sabia nada sobre el genero, para el no solo era un ritmo de guitarra acelerada y repetitiva acompañada de metales, el pensaba que mientras mas rápido el ritmo era mejor para bailar, el niño diario salía de la escuela, llegaba a su casa y ponía su cassette de los Estrambóticos, seguido de el de Sekta Core!, después La matatena royal club y para rematar la compilación de puro skañol con varios artistas, según el, importantes en el genero.

En aquel tiempo en el país de México pasaba por una crisis, esto debido a un levantamiento armado el EZLN en la gran jungla de concreto, el cual causo furor en los jóvenes, que con la idea de defender los derechos, no solo de los zapatistas, sino también de los Mexicanos, adoptaron como himnos de protesta las canciones de: Sekta Core! – Insurgentes, Panteón Rococó – Marcos Hall, solo por nombrar algunas, había conciertos masivos en CU y el zócalo capitalino, que eran la sensación, los grafiteros empezaron adornar la ciudad con sus pintas, los pantalones bombachos, la camisetas que decían ska!, la clásica de “se buska por skandaloso”, con el gato Félix y Elmo estampados en ellas, también las patinetas, las chamarras ajustadas de cierre, todo giraba entorno al ska, los skatos, y al EZLN, sin darse cuenta los mexicanos y aquel niño vivieron el gran auge del ska fusión en el país.

El era demasiado pequeño para ir a los famosos “tokines”, así que solo se dedicaba a resistir desde su casa con su música y bailando ska con los cuates. Pasaron los años y ya mas grandecito entro a la prepa, ahí fue cuando empezó a ir a sus primeros tokines, alrededor del año 2001, nunca olvidara la primera vez que vio a Panteón Rococó en la Magdalena Mixhuca, desafortunadamente el movimiento ya iba perdiendo fuerza, cada día había menos espacios para el ska, y a parecer de el, cada vez mas gente escuchaba hip – hop, sin embargo el siguió firme en sus principios, estaba orgulloso de lo que era, tal que en la escuela lo apodaban el “ska”.

Perdió varios años de estudio, pero sin embargo salió adelante, y al terminar la prepa se dio cuenta que ya llevaba 8 años de su vida escuchando ska, los mismos grupos de siempre ya no lo satisfacían, un día que estaba, navegando por internet, se le ocurrió la idea de ser rude boy, pensó que seria bueno, así que empezó a investigar, el origen del ska, del rude boy, el skinhead, los mods, nuevos grupos, etc. Ese seria su lenguaje de ese dia en adelante, había descubierto un mundo nuevo, era sublime a tal extremo que podría remover las fibras mas sensibles de su ser, el Ska tradicional, Skinhead reggae, rocksteady, etc, serian como su religión, era lo que buscaba y lo encontró, y hasta que la muerte ya no lo permitiera, su orgullo iba ser toda la vida un rude boy!.

Comprendió que el ska no estaba en lo que se vivió en los noventas, ni siquiera se acercaba a la verdadera esencia del ska, los sound systems e ir al chopo a topar a la pandilla rude, se volvieron parte de su vida, al igual su traje de tres botones, sus zapatos, su sombrero y su gran elegancia sencilla y arrogante a la vez. En su barrio le veían vestido de esa forma y decían, “hay we pinche gangster”, lo cual le daba risa pues sabia que no tenían idea de el por que de su vestimenta, algunos otros que si sabían decían, “ya llego el rude boy!”, su vida, su estilo, su música, ya estaba definido, seria para toda la vida, el único rudo del barrio!.



martes, 26 de enero de 2010

Rude boy




Rude Boy

Se miró al espejo y esbozó una leve sonrisa, por fin era un auténtico Rude boy, con su sombrero de gangster, un elegante traje de tres botones, sus zapatos lustrados y el detalle del pañuelo en el bolsillo. Volvió a observarse fijamente una y otra vez, bajó la vista hasta llegar a los zapatos más brillantes de la tierra, por supuesto producto de horas y horas de lustrado, mientras Prince Buster sonaba por la pequeña radio de su habitación, el joven veiteañero se preparaba para salir a lucirse con sus amigos.
El sabía que no había que tener mucho dinero para ser un auténtico rude boy, solo bastaba un poco de ingenio y por sobre todas las cosas conciencia del estilo, como siempre le decía su amigo Crisma: "…No basta con sacarle el terno al abuelo, sino que tienes que irradiar aquella elegancia arrogante por todos los poros de tu cuerpo, más allá de los trajes y la gafas obscuras…, es algo de actitud"
Bastó un poco de tiempo, conseguir ropa usada barata y acudir donde la vieja modista del barrio, para que a punta de maquina de coser la transformara en un excelente traje a la medida, una planchada perfecta, tal como tenía que ser. Para tener una camisa y calcetas blancas relucientes bastaba con un poco de cloro en el balde antes de comenzar el viejo friega que friega, los zapatos fueron más difíciles de comprar, pero nada que un trabajador pobre no pudiese ahorrar en un par de meses, de todas maneras ya estaban en sus pies, y que bien se sentía, el detalle del sombrero y las gafas completaba la imagen de Juan, el primer y único Rude boy amante del Ska en su barrio, aquel amado barrio que sin embargo se encontraba atestado de delincuentes de poca monta y drogadictos, "nada de estilo", "nada de rudeza", ningún verdadero maleante como el pensaba cada vez que los veía al pasar.
Guardo su afilada navaja en la elegante cartuchera de cuero dentro de su chaqueta, apagó la radio y al salir le gritó a su novia que no volvería pronto, salió a la calle, y el barrio se sorprendió con aquella vestimenta gangsteril sobre el cuerpo de Juan, aquel joven que se había hecho famoso por ser un violento peleador y un hábil apostador en lo que sea, desde cartas hasta peleas de perros.
Su imagen elegante contrastaba profundamente con la que se vivía en aquel barrio pobre y marginal, los pelusas miraban desde sus esquinas y Juan "el Rudo", caminaba con tal orgullo y prestancia, que nadie se hubiese atrevido a decirle algo, pese a que su estética parecía la de un criminal de los años 50′ en Estados Unidos, más que la de un joven de 19 años, en un barrio marginal de la capital, ahí todos vestían de ropa ancha y desaliñada.
Caminó dando pitadas a su cigarrillo de tabaco, mientras tarareaba un antiguo ritmo de trompetas de Skatalites, se sentía tan bien, que ni el oscuro día de otoño le podrían bajar el animo, al pasar frente a unas muchachas, tomó la punta de su sombrero e hizo un discreto y elegante movimiento de reverencia, ellas rieron, y el siguió sin volver a mirarlas, por muy ridículo que pareciera, a más de alguna le quedaría dando vuelta la imagen de ese chico tan inusual para el barrio.
Al llegar a la Avenida central, Juan se encontró con sus cuatro amigos, Crisma, Pepe y Johan, al verlos se acercaron para darse un fuerte pero distinguido apretón de manos, la pandilla estaba reunida y los primeros vientos de la tarde soplaban en sus cabezas protegidas por los sombreros alones.
"Que extraño grupo de muchachos", pensaba la gente cuando los veía, lo que no sabían era que detrás de aquellos trajes y sombreros se escondían los jóvenes más orgullosos y maquiavélicos de todo el sector.